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Los holandeses errantes o errante con los holandeses

Más que una reflexión, hoy me apetece compartir una experiencia que viví en mi retiro de cuarenta días.

Como siempre, lejos de pretender dar lecciones a nadie, si a alguien le sirve el siguiente escrito seré más que feliz.

 

“Los holandeses errantes o errante con los holandeses” 

Ocurrió entre la cuarta y la quinta semana de mi estancia en Tenerife. En la hacienda donde me albergaba había muchas casitas. Yo estuve viviendo en una. El resto las iban ocupando viajeros, con sus mochilas llenas de inquietudes, que pasaban unos días por ahí. En esas estaba cuando apareció un grupo de holandeses que venían a realizar un curso de yoga de una semana. Llegaron a la hacienda por la mañana, mientras yo desayunaba en el comedor común, como cada día. Siempre en el mismo sitio. Empezaron a entrar uno tras otro. Nadie me dijo nada. Ni uno de los dieciocho, incluidos los dos monitores. Me pareció raro, pero pensé que quizá no me habían visto. A la hora de comer ocurrió exactamente lo mismo. Se comportaron como si yo no existiera. Había más luz para entonces, así que pensé: “definitivamente, son muy raros”. A la hora de la cena, más de lo mismo. Entonces pensé: “más que raros, estos son estúpidos”. Al día siguiente, igual. Y al otro también. Y mis pensamientos fueron haciéndose cada vez más grandes. Primero, “este grupo de holandeses son todos unos maleducados, unos groseros y unos antipáticos”; y poco a poco fueron aumentando: “Claro, son holandeses. En su país hace frío y todos deben de ser así. Es más, todos los nórdicos deben de ser así.” Y con esta explicación que me di, me quedé tan tranquilo. La mar de a gusto vamos. 

A todas éstas, en el trabajo de introspección que me había llevado hasta allí, me encontré leyendo por enésima vez acerca de los juicios y las creencias y, claro, yo, orgulloso de mí mismo, ya lo sabía todo. Entonces, una señora de unos setenta y cinco años del grupo de holandeses, era el quinto día de su estancia allí, se sentó a mi lado para mirar la puesta de sol y me dijo: “esta puesta de sol no es muy bonita, pero me apetecía verla contigo”. Y ahí, en el silencio de la contemplación, me di cuenta de lo poco, o nada, que había entendido…

Al día siguiente, en el desayuno, decidí apartar todos los prejuicios que me había formado acerca de aquel grupo, y empecé a observarlos a todos con detenimiento. Ninguno de ellos me saludó, ninguno excepto mi amiga, pero pude ver cosas totalmente nuevas: era un grupo de gente con inseguridades, no se conocían entre ellos, venían de diferentes puntos de Holanda, estaban muy pendientes de los alimentos porque no eran los típicos de su país, desconocían la sistemática con la que funcionaba el comedor… estaban inquietos, intranquilos….

El último día, antes de su regreso a Holanda, hicieron una pequeña fiesta, y parece que entre ellos lograron crear una buena química. Entonces me enteré de que a la semana siguiente vendría otro grupo de holandeses a realizar el mismo curso con los mismos monitores, y me planteé qué podía hacer yo para que el siguiente grupo tuviera una experiencia de su estancia en Tenerife lo más rica posible. Me dirigí a los monitores y les felicité por su trabajo con ese grupo de gente tan heterogénea y por haber logrado crear una unidad entre ellos. Les animé a que con el siguiente grupo estrecharan lazos un poquito antes, pero me pareció insuficiente, de modo que cuando el nuevo grupo llegó a desayunar, salí de mi penumbra y fui a presentarme y a darles a todos la bienvenida. Todos me devolvieron el saludo y me agradecieron el gesto. Al tercer día, ese grupo ya había hecho una fiesta. Puedo decir que conocí dieciséis personalidades de las que me llevé un poquito. De las que aprendí mucho. ¡Y tengo dieciséis direcciones para ir a visitar Holanda!

Desde entonces, cada vez que enjuicio algo que me cierra puertas y me aleja de las personas, algo que me invalida o inhabilita o inmoviliza, cada vez que critico o tacho o etiqueto, busco cambiar el juicio por la curiosidad. Indago, me informo, pregunto, abro conversaciones…

¿Quién soy yo para ir sentenciando por ahí? ¿Para ir criticando?¿Quién me dice que mi punto de vista es el punto de vista? ¿Qué realidad veo? ¿Qué realidad creo?

El resultado del cambio es fascinante.

 

25 Responses to "Los holandeses errantes o errante con los holandeses"

  • Águeda Gema
    5 diciembre, 2014 - 13:31 Reply

    Hola, querido Jano:

    Hace tiempo, en una de mis búsquedas por internet sobre nuevos casos de ELA, descubrí un vídeo que me hizo vibrar; me caló hasta lo más profundo: el tuyo. Lloré con él y quise volver a hacerlo delante de un montón de niños y niñas que esperaban escuchar una clase de Lengua castellana y Literatura. Pensé que no había mejor forma de enseñarles a comunicarse que a través de la comunicación misma, y esta no se limita a articular sonidos que generan mensajes: la comunicación es la forma más sencilla y sublime de ser uno mismo y dejarse ver; y, al mismo tiempo, la forma más eficaz de empatizar con el mundo. Mis niños aprenden mucho de personas como tú, Fernando Leira (@LeiraAlmagro), José Millariega (@asturfidipides)… que hacen de su “desgracia” algo verdaderamente laudable: la convierten en motor de lucha y ejemplo a seguir, sin darse cuenta y sin pretenderlo, que es lo más admirable. Sois extraordinarios; ninguna otra palabra os define mejor.

    Hoy he descubierto tu blog y estoy enganchada a su lectura. Quiero escribirte más detenidamente y contarte “cuánto de mucho” cuentas en este mundo. Mi padre falleció de ELA hace ahora 26 años; él no sonreía como vosotros, más bien lloraba desde que lo supo, en una forma contenida que ni mis hermanos ni yo supimos extraer. Yo era su única “niña” y la mayor del grupito de cuatro. Él se fue sin esperanzas y sin recibir el cariño de nadie, porque los que lo conocían, tan galán él y respetable, siempre haciendo de todo por los demás y sin dejar ver sus miserias, no supieron cómo afrontar sus nuevos “estados” (ojalá hubiese tenido al menos esta ventana al mundo que es internet, para hablar con gente que no lo juzgase y donde no sintiese vergüenza de reconocerse a sí mismo). Tampoco tuvo nuestro amor -el de sus hijos-, porque no entendíamos qué pasaba (NO NOS COMUNICARON nada), y mi madre supongo que aprendió en dos años lo que jamás nadie le había enseñado ni le enseñaría en toda su vida. Hoy ella es la mujer más feliz que conozco, la más clara y auténtica, y no tiene nada… Sigue estando pobre y rodeada de mil problemas de los de verdad, pero, como bien dices, cuando estás o has estado al borde del abismo no te importan las verdades para afuera: solo luchas por salvarte y salvar al mundo de su torpeza, la de no disfrutar de este regalo continuo que se llama VIDA. No importa que esté llena de baches si tenemos el coraje de pisar sobre ellos con autenticidad.

    Quería darte las gracias por tu fuerza, por tu actitud, por tu verdad. Conocer a personas como vosotros demuestra una vez más que el mundo está lleno de sentimientos similares, que tienen su principio y su fin en las ganas de amar y ser amados, y que solo hay que compartirlos, para que ganen, y no nos puedan los miedos, ni las vergüenzas: DEBEMOS SER, SER EXTRAORDINARIOS; ESA ES NUESTRA ÚNICA OBLIGACIÓN EN ESTE MUNDO.

    Un abrazo de todo corazón.

    Águeda Gema Espina Zambrano

  • juan emilio Guinovart
    10 septiembre, 2014 - 08:09 Reply

    Somos actores, además de espectadores de esta obra de teatro . No deberiamos ser criticos y perder de vista nuestra capacidad de cambiar la realidad.

  • José Ramón Corominas
    4 septiembre, 2014 - 21:32 Reply

    Querido Jano,

    Hemos visto en familia el video y leído tus reflexiones y la de Natalia.
    Gracias por recordarnos que debemos vivir el momento presente de forma extraordinaria, como un regalo único.
    A los niños les ha im

  • Josep Bofill i Blanch
    30 agosto, 2014 - 10:19 Reply

    Buenas Jano, poder leer tus reflexiones me ayuda a darle un poco más de sentido a la vida, a procurar ser mejor persona.

    Como muy bien dices en tu última reflexion quiénes somos para ir sentenciando/criticando por ahí. Los prejuicios son muy subjectivos y viciosos, una manera de construir una realidad artificial para sentirse mejor.

    Cada uno tiene su propia realidad, con la cual tiene que aprender a convivir y a respetar a los demás.

    Haberte conocido (aunque sólo sea a través de la web) es un regalo.

    Muchas gracias por todo y mucha suerte.

    Josep Bofill i Blanch

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